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Santiago Alberione: el genio de la comunicación en el siglo XX

por: Carlos Pérez Morales, ssp



Escribo este texto el día en que celebramos los 138 años del nacimiento de el Beato Santiago Alberione que con el tiempo se convirtió en el padre y fundador de la Familia Paulina. Me estremezco al pensar que ya hace poco más de un siglo que Dios hizo posible el milagro de la vida en la familia Alberione por cuarta ocasión, sabemos que el entonces recién nacido además de ser un hijo para los Alberione, lo sería también para la Iglesia, y con el tiempo sería grande apóstol y un genio para la comunidad humana. Nadie pensaba que el pequeño giacu como sus padres cariñosamente le llamaban, dedicaría toda su vida a comunicar y a dar a la Iglesia nuevos medios para anunciar el Mensaje de la Salvación con las técnicas que el genio humano iba desarrollando. La premonición recogida en una simple y curiosa expresión dialectal Piamontés referida por uno de sus biógrafos perfila en el alba su existir aquello que sería el empeño que orientó su vida y la de sus hijos e hijas. ¡Iluminar!


Alberione, comenzó todo desde la oración

Hablar hoy de la vida de un genio es una tarea en la cual se debe proceder con prudencia, para resaltar aquello que la persona es y no simplemente decorar algo ordinario. La genialidad que encontramos en don Alberione es nata, real, y fecunda, porque no atendió a un beneficio personal o de unos pocos.

Tengamos presente que los ruidos que abruman nuestra vida en ocasiones nos impiden pensar con suficiente lucidez, nos privan incluso del encuentro con nosotros mismos, requiriendo un esfuerzo mayor para traducir lo que pensamos en acciones buenas. El padre Alberione, sin duda fue abrumado por los ruidos de su tiempo, a saber, el comunismo, el frenético ritmo de la vida, las guerras y otros más, pero que no impidieron que este “hombre como cualquier otro” supiera encontrar en la calma de la oración el lugar privilegiado para el encuentro con Dios, lugar donde se clarifica y se proyecta cuanto se planea realizar.

Fue en la oración donde Alberione recibió esa “luz” que lo condujo siempre. En la oración y a través de ella pudo resolver todos los problemas cotidianos, que iban desde la escasez de dinero, y de vocaciones, la abundancia de deudas, y un constante flujo de amenazas y difamaciones provenientes de las más diversas personas.


Oraba y trabajaba (ora et labora)

Podríamos quedarnos en un plano espiritualista si solo miramos a don Alberione como el que oraba, es preciso afinar la mirada y dar un paso adelante para apreciar mejor que en la oración encontraba la fuerza, la claridad y todo lo que necesitaba para actuar… y su actuar no era improvisado o mediocre, pues incluso en la cosa más mínima, cuando se trataba de actuar, estaba precedido por prolongados e intensos momentos de oración, el actuar de don Alberione era no solo meditado, sino orado con intensidad.

Recordemos que toda formación es también una transformación, el fundador de la Familia Paulina era un hombre formado, intelectual y espiritualmente, por eso vemos una transformación, que es ejemplo para todos los hombres, principalmente para sus hijos e hijas. Él decía que “Todas nuestras obras” deben nacer del Sagrario, para que los frutos fueran a su debido tiempo para la gloria de Dios y la paz de los hombres.


Genio de la comunicación

Alberione, comprendió que la oración lo conectaba directamente con Dios y que era una óptima forma de comunicación. Por lo cual impulsó el uso de los instrumentos de la comunicación para anunciar a la humanidad el mensaje de salvación contenido en el Evangelio. Difundir no solo aquello que hablaba de religión, sino también lo que pareciera lejano a la Iglesia o a las cosas de Dios, siempre y cuando favoreciera el bienestar humano, y ayudara a la formación del hombre y a la construcción de la paz. Los miembros de la Familia Paulina dispersos en el mundo estamos llamados a continuar la obra de nuestro padre, no solo porque es nuestro apostolado específico, sino porque el mundo necesita a Dios, y para anunciarlo, se necesitan hombres y mujeres mensajeros de la Buena Nueva.

Es aconsejable no encantarnos con la figura estilizada del Beato Alberione, también pensemos en él desde su condición humana, con cuanto esto implicó. Demos gloria a Dios por haber donado al mundo en su persona, un modelo de escucha en la oración y de comunicador de las buenas noticias, siempre atento a los signos de los tiempos.

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