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San José - «De tal palo, tal astilla»

Por: Mariana Cejudo García de Alba


«De tal palo, tal astilla», es una expresión que usamos para hablar de los parecidos entre padres e hijos. ¿Cabe mejor imagen para quien fuera carpintero (y mucho más que eso) y enseñara tal oficio a quien adoptó como suyo, sabiendo que venía de Dios?

San José fue el padre humano de quien Jesús, el Hijo de Dios, aprendió a ser hombre.


Por lo general, me tienden a gustar más las representaciones de José donde aparece con Jesús trabajando en su taller. Hay algo tan ordinario y común, pero a la vez tan bello y profundo, de lo que puede parecer la simple rutina de una jornada laboral.



Las que más me impresionan son donde se ve a alguno de los dos sosteniendo un madero largo, parecido al que cargaría Jesús en el camino al Calvario y del que luego pendería hasta morir, por amor a nosotros. Aquel material que trabajaron sus manos, porque trabajó con manos de hombre (cf. GS 22), sería donde luego éstas estarían clavadas.


Las Escrituras no indican que José haya visto a Jesús colgado del madero, lo cual hace creer que habría muerto antes. Sin embargo, es posible, aunque ciertamente improbable, que en vida se haya visto obligado a preparar maderos semejantes para los condenados a esta muerte ignominiosa.


Esto me hizo pensar cómo un recurso natural como la madera puede servir para cosas tan buenas: hacer muebles, calentar hogares, etc., como también para ser usado como un instrumento mortal. Así sucede con casi todo.


En el momento de la encrucijada, José, el hombre justo, optó por el bien. Su silencio elocuente, escucha atenta y obediencia pronta fueron la manifestación más evidente de las razones por las que el Padre (del cielo) lo eligió como padre (de la tierra) para su Hijo.


Hemos de aprender de José a aceptar la voluntad de Dios con libertad y fidelidad; a saber ponernos detrás, siendo sombras de la Luz; a guardar silencio para dejar que hable la Palabra. Pido a Dios que sepamos utilizar la madera que Él coloca en nuestras manos para dar vida, y poner todos nuestros dones al servicio de la construcción del Reino de Dios.

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