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25 de enero - Conversión de San Pablo: "Que nuestro corazón se convierta a ejemplo de San Pablo"


Por: Carlos Pérez Morales, ssp


Con mucho gozo, celebramos la solemnidad de la conversión de san Pablo, el gran apóstol de los gentiles, que hizo que se extendiera el cristianismo y del que nos maravillamos por este radical cambio, que lo llevó de ser perseguidor a dar testimonio de cómo tienen que ser y hacer los que cree en Jesucristo, el Hijo de Dios.


Si pensamos de primera mano la raíz de la palabra “conversión”, encontraremos que ésta viene del latín convertere que quiere decir “cambiar”, “hacer distinto” y, justamente en San Pablo, vemos que esto se lleva a cabo, asumiendo el hecho de ser un judío, que no sólo practicaba asiduamente la ley, sino que además era un hombre instruido, de tal forma que tenia ciudadanía romana y griega y comprendía, por su gran capacidad intelectual y política, lo que sucedía a su alrededor; este hombre toma todo esto y lo pone al servicio de aquel que es “el Camino, la Verdad y la Vida”, Jesucristo el Señor; quien en un principio era un perseguidor y contrario a la fe cristiana se deja tocar por el mensaje de Jesucristo y pone todo su ser, su intelectualidad, su forma de relacionarse socialmente, su modo de pensar; lo que era bueno, correcto y perfecto cambia radicalmente y a esto le llamamos conversión.


 

En San Pablo, la conversión se ve iluminada, enriquecida y confirmada por el acontecimiento de la revelación de Dios Padre, en Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo, pues si bien la conversión era el mensaje principal de Jesucristo al venir al mundo, en San Pablo constatamos este hecho que adquiere una mayor amplitud y universalidad -abarcando a judíos, paganos y a los mismos cristianos—, pues todos los hombres constituimos una única humanidad salvada por Dios en el acontecimiento de la encarnación, la cruz y la resurrección de Cristo. Es decir, en Jesucristo, todos pertenecemos a la gran familia cristina.



 

El hecho de la conversión, nos permite ver que San Pablo da un vuelco total a su vida, pues como ya mencionaba pasó de perseguir ferozmente al cristianismo a ser un enamorado de Jesús y un apóstol incansable de la Iglesia. Esta admirable transformación de Saulo para nosotros los cristianos de este nuevo siglo y de los siglos que vengan, tiene que pasar a ser el prototipo de la conversión cristiana, pues si bien es cierto que no todas las conversiones son tan espectaculares ni repentinas, tenemos que comprender que sí las hay, tal vez en muchas ocasiones mucho más discretas y paulatinas, sin que por ello dejen de ser igualmente profundas y eficaces.


Hay hombres y mujeres que se ven afectados por todo lo que conlleva vivir en esta “aldea global” donde nos encontramos híper conectados, debemos comprender que lo que está hoy en juego no es tanto el “formato” de la conversión, como la misma posibilidad de la convertirse, sino el hecho de dejar que el mensaje de Cristo en su totalidad nos transforme.



 

Para todos es incuestionable que la propuesta del Evangelio, lejos de engañar a nadie, se presenta siempre con toda claridad, transparencia y libertad y hoy más que nunca, al celebrar esta fiesta podríamos preguntarnos ¿Se le puede proponer al hombre de nuestros días el ideal de la conversión? ¿Es esto posible hoy? ¿Puede un joven romper, como lo hizo San Pablo, con un ambiente tan materialista y alejado de Dios para volverse radicalmente a Cristo?


 


Estas interrogantes quedan para tu reflexión personal pues la invitación es a que le pidamos a Dios que nos transforme el corazón, así como lo hizo con San Pablo para que podamos como él dar un testimonio inquebrantable para todos los que nos vean y estén en contacto con nosotros, de tal modo, que al final de nuestros días podamos obtener la corona del siervo fiel.


-Oh San Pablo apóstol, ruega por nosotros.

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